El Espeto
La Málaga gastronómica es la historia de los chiringuitos de sus playas de chinos y oscura arena. Y de entre ellos, los de Pedregalejo y El Palo fueron los primeros en implantar este tipo de establecimientos que luego darían tanta fama a la ciudad. Barrios de pescadores de humildes casas junto a la playa desde la que mediante «El Copo», ese arte de pesca tan nuestro, se proveían del pescaíto que sus mujeres freían.
Las rústicas mesas de madera y las sillas de tijera se ponían sobre la arena y, con tiempo y una caña, los primeros clientes, malagueños ellos, fueron apareciendo para disfrutar en vivo y al sol de las delicias de una mar en calma pletórica de vida pescadera, de jábegas y traíñas. Los chanquetes y boquerones hicieron el resto. Y los malagueños empezaron a enseñarlo a los visitantes y el turismo hizo el resto.







